Por Ulises Addamo
1 Diciembre de 2022 - 22:12
Tras años de dilaciones, inacción gubernamental y utilitarismo discursivo, “pareciera” que la consecución de una mayor autonomía energética del país comienza a encaminarse. El tiempo dirá si es a paso firme, pero creo que se puede evidenciar un atisbo de la denominada soberanía en materia de petróleo y gas.
Política de Estado
En primer lugar, celebro mas allá de cualquier color ideológico o asignación partidaria de turno que se ejecuten proyectos encuadrados dentro del concepto de política de Estado. El gasoducto Néstor Kirchner es la obra de infraestructura pública-privada más relevante de la Argentina y, si bien, se está llevando a cabo en “tiempo y forma” no debería sorprender que la misma, por su envergadura, no esté finiquitada al concluir el mandato de Alberto Fernández a finales de 2023.
Es menester de cualquier administración de Gobierno tomar con seriedad “las riendas” de este megaproyecto en caso, vuelvo a insistir, de que no esté terminado en el ocaso del año entrante.
Megaobra
El trazado de la tubería tiene una extensión de 573 kilómetros y conectará la formación de extracción hidrocarburífera de Vaca Muerta con la localidad de Salliqueló, en la provincia de Buenos Aires. Esto será el primer tramo que se busca inaugurar y poner en funcionamiento a partir del 20 de junio de 2023, aunque se proyectan ampliaciones y bifurcaciones dentro de un plan ambicioso que no descarta una llegada del ducto a los puertos del atlántico para su exportación vía marítima.
Impacto sobre la economía y la inflación
Se calcula que el emprendimiento permitirá un ahorro de USD 3.500 millones en importaciones de gas el año que viene, de acuerdo a los valores actuales en el mercado internacional. Esto tendrá un impacto directo en el descenso de los índices inflacionarios que escalonan los precios de la economía doméstica y asfixian la productividad de la industria, como así también, el bolsillo de los hogares a lo largo y ancho del país.
Compromiso de todos
Como reflexión final, el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner debe estar inmunizado de cualquier oportunismo político o electoral. Tiene que ser una amalgama de voluntades de todos los sectores implicados: estado, sindicatos, empresas privadas y la sociedad en sí misma. No puede convertirse en un trofeo de gestión ni en un receptáculo de críticas opositoras a la primera dificultad que devenga de su realización.
Es una oportunidad real de desarrollo soberano, así debe comprenderse por cada argentino si se pretenden mayores márgenes de autonomía, que es la base de una verdadera independencia como preámbulo de esa reorganización nacional, que tanto necesitamos si aspiramos a un futuro colectivo más promisorio.
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