Buenos Aires se paralizó por el fenómeno Franco Colapinto. En una jornada épica, el piloto de Williams recorrió las avenidas de Palermo a bordo de un monoplaza de Fórmula 1, rodeado de una multitud que acampó desde la madrugada para conseguir un lugar.
El rugido del motor V8 rompió el silencio de la ciudad después de 14 años sin exhibiciones de este calibre. Entre banderas argentinas y cánticos, Colapinto devolvió el afecto con trompos y aceleraciones que hicieron vibrar el asfalto. El evento no solo fue un show deportivo, sino una demostración de que la "Colapintomanía" es el motor que mantiene viva la ilusión de recuperar el Gran Premio de Argentina.