El petróleo es un combustible fósil originado por la descomposición de materia orgánica enterrada durante millones de años bajo inmensas presiones y temperaturas. Sin embargo, la forma de extraerlo está cambiando drásticamente, marcando un antes y un después para la matriz productiva de Mendoza.
El declive del norte y la esperanza del sur
Históricamente, la provincia dependió del petróleo convencional, aquel que migra desde la roca madre hasta quedar atrapado en una "roca reservorio". Hoy, la cuenca norte mendocina está prácticamente agotada. En zonas petroleras tradicionales como Vizcacheras, Barrancas o Lunlunta, de lo que se extrae, el 95% es agua de formación y apenas un 5% es crudo. Esto encarece los costos de producción y genera pasivos ambientales que deben ser tratados adecuadamente.
Frente a este escenario de declive, todas las miradas apuntan al sur, específicamente a Malargüe. Allí se encuentra la famosa "lengua" de Vaca Muerta, una formación no convencional donde el hidrocarburo sigue atrapado directamente en la roca madre. Extraerlo es una apuesta millonaria: testear un solo pozo exploratorio puede costar hasta 10 millones de dólares. A pesar del riesgo financiero, los trabajos avanzan y recientemente se batió un récord en Vaca Muerta con un pozo de más de 7.200 metros. Paralelamente, el gobierno evalúa la geología de Cacheuta para saber si allí también existe un horizonte no convencional viable.