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Ahora Diputados debe decidir cómo tratar la Ley Bases si vuelve del Senado

Los diputados tienen un margen de tiempo para estudiar la actitud que adoptarán ante los cambios que puedan venir en el texto si el megaproyecto vuelve del Senado

Por Redacción

17 de mayo, 2024 - 07:08

Terminó la ronda de exposiciones en las comisiones del Senado y si no aparece algún impedimento es probable que la semana próxima se concrete en tan ansiado dictamen para que el proyecto quede en condiciones de ser tratado en el recinto.

La demora del tratamiento en la Cámara alta les dio más tiempo a los diputados de los bloques dialoguistas para pensar su próxima jugada, que será una vez que el proyecto vuelva con cambios de la cámara revisora.

Dan por descontado que el regreso de la ley ómnibus será después del 25 de mayo, ya que el Gobierno no supo desactivar las bombas a tiempo y ahora lucha denodadamente por destrabar el texto del dictamen. 

 

 

Distinto hubiera sido si las negociaciones, que insumieron meses en la Cámara de Diputados, se hubieran dado de manera paralela con los senadores, sentándolos a todos en la misma mesa.

El Gobierno se abrazaba con inocencia a la fantasía de que el trámite en el Senado iba a ser exprés, acaso por desconocer que la Cámara alta tiene una dinámica propia que no siempre coincide punto por punto con la de la cámara de origen, aunque los actores de un lado y del otro del Palacio se parezcan bastante.

 

Oposición firme

 

El oficialismo intentó apurar los tiempos pero se encontró con una defensa bien parada de la oposición que no está dispuesta a dejarse meter todos los goles y sale de contragolpe con iniciativa propia.

Así fue como la Casa Rosada tuvo que recurrir a las habilidades negociadoras de la vicepresidente Victoria Villarruel quien ya comenzó a unir los cabos sueltos con los más díscolos pero con alguna posibilidad de avenirse a la aprobación.

El Senado no es un apéndice del Gobierno  y está muy lejos de serlo por eso empezó a temerse que el proyecto de ley del cual se espera el arranque para las trasformaciones prometidas naufragara en el Senado, no tanto por elpoder de veto del peronismo sino por las desavenencias de la tropa aliada.

 

 

La vicepresidenta demostró mucha muñeca política para la persuasión cuando consiguió meses atrás una mayoría de 39 senadores que alcanzó y sobró para imponer a las autoridades de la Cámara alta, aislando a Unión por la Patria.

Este jueves, la titular del Senado recibió en su despacho a los emisarios de Javier Milei para negociar la ley Bases: el ministro de Interior, Guillermo Francos, y el vicejefe de Gabinete, José Rolandi.

Luego de que la vicepresidenta se encomendara a la tarea de utilizar sus habilidades -de las que carecen muchos de los escuderos gubernamentales- para convencer voluntades frágiles (los ocho senadores que están en duda), los funcionarios se atragantaron con una noticia que de alguna manera ya esperaban: no habrá sesión antes del 25 de mayo, por lo que el presidente ya podría ir pensando en reprogramar el tan mentado “Pacto de Mayo” para algún aniversario patrio posterior o la fecha que le plazca, pero que sea realista con los tiempos políticos del Congreso. 

Aunque después de convocarlo con tanto énfasis lo más recomendable sería que se firme igual si es que se considera al mismo como un impulso a una verdadera política de Estado.

 

Juntando votos

 

El poroteo para la votación en general está bastante reñido, pero el partido podría resolverse en la prórroga a favor del oficialismo. 

El interrogante que sobreviene tiene que ver con el tenor de los cambios que aplicará el Senado, con el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones en la cuerda floja, las dudas respecto de la reforma laboral y la eliminación de la moratoria previsional, el capítulo del tabaco, y los serios cuestionamientos respecto de varios puntos del paquete fiscal como el generoso blanqueo de capitales, la reimposición del impuesto a las Ganancias y la supresión del monotributo social.  

 

 

Se trata de temas que fueron negociados y debatidos hasta el hastío durante meses con los diputados de los bloques moderados, y en algunos puntos, por una cuestión de orgullo y amor propio, no quieren dar el brazo a torcer ni que el Senado le imponga sus términos.

El caso del capítulo del tabaco es el más emblemático luego del batacazo en la sesión donde los dialoguistas lograron doblegar al oficialismo y al PRO, pero también la reforma laboral es un tema muy sensible.

Acá el tema central tiene que ver con lo que permita el reglamento. En teoría la Cámara de Diputados “solamente puede tratar los artículos que modifica la cámara revisora, pudiendo insistir en su media sanción original o bien aceptar los cambios”.

En el radicalismo creen que el reglamento no es concluyente y deja abierta una hendidura que invita a interpretar que podría evitarse el escenario de votación “a libro cerrado”. Es decir, que algunos cambios del Senado se puedan aceptar, y otros rechazar. 

“No es a libro cerrado. Vamos a intentar que sea así, pero está por verse”, sostuvieron desde el bloque UCR ante la consulta de este medio.

El otro tema a tener en cuenta son las mayorías (simples o agravadas de dos tercios) con las que se vote cada artículo. 

Si el Senado aprobara cambios en el proyecto (léase modificaciones de artículos, creación de nuevos artículos o incluso eliminación de artículos), Diputados podría insistir en la versión original con la misma mayoría que el Senado, pero si la mayoría fuera inferior prevalecerá el dictamen de la Cámara alta.

Por ejemplo si el RIGI se rechazara en el Senado con una mayoría de dos tercios, Diputados deberá construir una mayoría también de dos tercios para sostener ese capítulo.