La 36ª cumbre de la OTAN en Ankara comenzó envuelta en un escándalo mayúsculo tras el brutal ataque verbal del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacia el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez. El mandatario norteamericano calificó a España como un "socio inútil y terrible" y amenazó abiertamente con romper relaciones comerciales, exponiendo una fractura sin precedentes en la Alianza Atlántica.
El choque por el gasto militar, la tensión por Irán y el pacto con Turquía
La furia de Trump se desató debido a la negativa de Madrid de involucrar a sus Fuerzas Armadas en la ofensiva militar en el estrecho de Ormuz contra Irán. Además, según informó Ulises Addamo en Sin Verso, Washington recrimina que España se resiste a elevar su presupuesto de defensa al 5% del PBI, un compromiso que tensiona a las capitales europeas. Mientras Sánchez replicó que su nación cumple estrictamente con las obligaciones internacionales, el líder republicano redobló la apuesta y dejó en claro su malestar con el bloque.
Para contener la hostilidad, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, presentó un mega plan de adquisiciones de equipamiento militar y guerra electrónica que beneficiará directamente a la industria de Estados Unidos. Sin embargo, la tensión continuó en otros frentes: la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, cruzó con dureza a Trump tras sus insistentes reclamos sobre la soberanía de Groenlandia, asegurando que el territorio no está en discusión.
La contracara de estos roces fue la excelente sintonía entre Trump y el anfitrión turco, Recep Tayyip Erdogan. Washington confirmó que levantará las sanciones a Ankara y reactivará la venta de los sofisticados cazas F-35. De este modo, el encuentro expuso un tablero geopolítico fragmentado, donde la Casa Blanca premia la sintonía bilateral de sus aliados estratégicos mientras castiga con dureza la resistencia de los gobiernos de la Unión Europea.