Tras el devastador terremoto del 24 de junio en Venezuela, que dejó más de 3.500 muertos, la prioridad absoluta es evitar nuevas tragedias urbanas. Más de 2.800 ingenieros locales e internacionales recorren las calles aplicando un masivo plan de emergencia basado en un "sistema de semáforo" para clasificar la seguridad de cada estructura.
Los edificios con etiqueta roja enfrentan un peligro inminente de derrumbe. La amarilla indica riesgo moderado, mientras que la verde garantiza que la propiedad es totalmente segura y habitable. Con al menos 190 edificios colapsados, este operativo busca mitigar un desastre cuya reconstrucción costará unos 37.000 millones de dólares.