La tragedia en Venezuela esconde una magnitud devastadora. Según el crudo relato de Pablo Obregón, un rescatista en el lugar, las víctimas fatales ya superan las 5.000 personas y hay más de 50.000 damnificados, cifras que contrastan drásticamente con las versiones oficiales.
El desastre, originado por el colapso de decenas de edificios en apenas segundos, dejó un escenario desolador. Ahora, los equipos de emergencia enfrentan una segunda fase crítica: contener a una alarmante cantidad de niños huérfanos y familias que literalmente lo perdieron todo.
A las temperaturas extremas de 37 grados en la zona de escombros se suma el colapso sanitario. Por ello, el pedido de ayuda internacional es desesperado y se centra hoy, de manera urgente, en insumos pediátricos, medicamentos y apoyo psicológico para evitar que la catástrofe siga escalando.