La llegada del Ferrocarril Andino a Mendoza en 1884 no solo transformó la economía, sino que inauguró una época dorada para los pasajeros argentinos. Las míticas locomotoras a vapor británicas conectaban Buenos Aires con el oeste del país a través de propuestas muy distintas. Mientras los trenes sociales como "El Aconcagua" unían pueblos, el exclusivo convoy de lujo "El Libertador" ofrecía servicios premium que incluían coche comedor, coche cine, asientos pullman e incluso la posibilidad de transportar vehículos particulares. La travesía, sin embargo, no estaba exenta de imprevistos: durante su viaje inaugural, el propio presidente Julio A. Roca quedó varado temporalmente en el desierto entre Mendoza y San Juan debido a un desperfecto técnico.