Argentina se encuentra ante una oportunidad histórica con los bioinsumos, una industria que proyecta duplicar su valor para 2030. Con 115 empresas nucleadas en CABIO, el país cuenta con ciencia de vanguardia impulsada por el CONICET, el INTA y universidades.
Sin embargo, la revolución enfrenta dos grandes obstáculos: la resistencia cultural de productores conservadores y el atraso normativo de organismos como SENASA, que aún no terminan de adaptar sus licencias y avales al mundo biológico. Subirse a este tren tecnológico es vital para dotar a los cultivos de resistencia ante el estrés climático y el cambio ambiental.