Tras las intensas nevadas que cubrieron la cordillera, Mendoza se prepara para un escenario hídrico mucho más alentador. Según confirmó Rubén Villodas, Director General de Irrigación, la provincia experimentará un verano con una disponibilidad de agua significativamente mayor a la del año pasado, brindando un respiro clave ante la crisis que azota a la región.
El impacto de una nevada récord
Las recientes precipitaciones en la alta montaña representaron un quiebre sustancial. "En una sola tormenta ha caído la nieve de un año y medio para el río Mendoza", detalló el funcionario. Este nivel de acumulación no se registraba con tal magnitud desde la histórica temporada de 1982-1983. Este fenómeno asegura el caudal necesario para el consumo humano y el riego agrícola, aportando además una vital recarga para los embalses y los acuíferos subterráneos que abastecen a la provincia.
En el sur mendocino, aunque el impacto fue algo menor en las cuencas de los ríos Diamante, Atuel y Grande, los registros alcanzan aproximadamente un 30% del volumen anual esperado. "Con seguridad vamos a tener un año mucho mejor", remarcó Villodas.
A pesar del entusiasmo por este evento excepcional, impulsado por las condiciones del "Súper Niño", desde Irrigación advierten sobre el panorama a largo plazo. Los ciclos climáticos mantienen cierta variabilidad, pero la tendencia proyectada hacia el 2050 indica una reducción constante del recurso hídrico producto del cambio climático. El alivio actual es crucial, pero la gestión responsable y eficiente del agua seguirá siendo una prioridad indiscutible.