El acceso a la información y la incorporación de herramientas tecnológicas, como la Inteligencia Artificial (IA), en las aulas han cambiado las reglas del juego. Sin embargo, la transformación digital en la educación va mucho más allá de sumar computadoras o plataformas virtuales. El verdadero cambio ocurre cuando las instituciones replantean la forma de enseñar, aprender y gestionar el conocimiento, integrando la tecnología con objetivos pedagógicos claros.
El factor humano frente a la IA
En una reciente entrevista en El Interactivo, un espacio con fuerte foco en sociedad, utilidad y tendencias, el especialista en gestión de proyectos educativos Pablo Coronel destacó que la adopción tecnológica debe estar acompañada de una profunda adaptación metodológica. El paradigma ya no es acceder a la información, dado que hoy se encuentra completamente democratizada, sino qué hacemos con ella.
La presencia de herramientas como la IA entre los estudiantes es una realidad innegable, muy similar a la disrupción que causó la calculadora en su época. La solución no pasa por la prohibición, sino por fomentar el pensamiento crítico y relacionar conceptos para que las nuevas generaciones no se conviertan en consumidores pasivos.
Además, el desafío se extiende a la formación de docentes y adultos. Es necesario implementar buenas prácticas en el uso de la tecnología para que esta actúe como un amplificador del talento humano, sin anular la capacidad de análisis. El objetivo central es desarrollar habilidades clave para el futuro, garantizando que los estudiantes lideren el cambio.