El femicidio de Agostina Vega toma un giro inesperado y escabroso tras la declaración de una testigo clave que promete hundir la coartada de Soledad Andreani. Carla, una exempleada del clausurado bar Wachitas, se presentó ante el fiscal para desmentir la versión de la imputada, asegurando que estaba lejos de ser una víctima engañada. Según su testimonio, Andreani administraba activamente una red de prostitución y venta de estupefacientes, comercializando cocaína y pastillas dentro del local nocturno.
El oscuro negocio de los clientes VIP y las drogas
La declaración de la testigo no dejó dudas sobre el rol protagónico de la acusada. Carla detalló que era Andreani quien manejaba personalmente los pagos y organizaba los encuentros sexuales con hombres de alto poder adquisitivo. Además, confirmó que la imputada conocía a la perfección a Claudio Barrelier, quien era un cliente habitual del lugar en busca de trabajadoras sexuales.
Sin embargo, el relato de la exempleada se volvió aún más oscuro y perturbador al revelar un episodio personal que casi le cuesta la vida. La joven relató que tuvo que escapar desesperadamente del bar luego de que Andreani intentara drogarla, colocándole gotas en su bebida. El objetivo presunto de esta maniobra era someterla para obligarla a intimar con un cliente VIP o, en el peor de los casos, hacerla desaparecer por completo.
El bar Guachitas, que permanece cerrado desde el crimen de la víctima principal, se ha convertido en el epicentro de una trama macabra de abusos y excesos. Mientras la justicia avanza, esta nueva prueba testimonial plantea interrogantes inquietantes sobre los límites de esta organización ilícita. Las autoridades ahora deberán investigar a fondo para determinar quiénes más están involucrados y hasta dónde llega realmente esta red de encubrimiento y trata.