El 20 de noviembre de 1980, el Lago Peigneur, en Luisiana, protagonizó uno de los errores de ingeniería más surrealistas de la historia. Una plataforma de Texaco, que buscaba petróleo, utilizó coordenadas erróneas y perforó accidentalmente el techo de una mina de sal operativa situada bajo el lecho lacustre.
El pequeño agujero de 36 centímetros se convirtió rápidamente en un remolino gigante que devoró la plataforma, once barcazas, árboles y parte de la Isla Jefferson. El desastre alteró permanentemente el ecosistema: el lago pasó de tener tres metros de profundidad a más de 600, transformándose de agua dulce a salada de forma irreversible.