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¿Es la economía estúpida o somos nosotros?

La histórica frase utilizada por Bill Clinton en su campaña rumbo a la Casa Blanca, “Es la economía, estúpido” , bien puede ser traída a nuestro presente cuando el país se apresta a vivir otra de las colosales y frecuentes crisis económicas. La Argentina no tiene que repetir los viejos errores y aprovechar nuestra experiencia en esos trances, que no es poca

08 de julio, 2022 - 07:40

Corrían los años 90 cuando Bill Clinton veía casi perdida su carrera presidencial contra George H. W. Bush (padre), quien exhibía varios éxitos, como la derrota de Saddam Hussein y la proclamación de un Nuevo Orden Mundial.

Perdido por perdido, optó por elegir para su campaña “Es la economía, estúpido” (“The economy, stupid”), una frase que estaba destinada a hacer historia y que le había sido propuesta por uno de sus asesores, James Carville. Pero en realidad ¿qué es la Economía? ¿Es una ciencia exacta u otra cosa?

La pregunta es pertinente, pues como los define Niall Ferguson – un famoso historiador económico de la prestigiosa universidad de Cambridge– los economistas son unos especialistas que pronosticaron las últimas 20 crisis de las cuatro que verdaderamente tuvieron lugar.

Por eso mismo nos volvemos a preguntar: si la Economía es una ciencia, ¿no debería tener una prognosis exacta de sus fenómenos como son las crisis económicas? Pues, ¿y si no lo fuera?

Bueno, eso es precisamente lo que piensan los integrantes de la Escuela Económica Austríaca. Una escuela de pensamiento económico heterodoxo, basada en la idea central de que los fenómenos económicos son sociales y que son el resultado de las motivaciones y acciones de los individuos. Ella se ha caracterizado por su fuerte crítica hacia las teorías económicas neoclásicas, marxistas, keynesianas y monetaristas.

La persistente inflación es el aviso previo a la llegada de una crisis que ya se ve muy cercana

Un dato no menor de esta escuela es que reconoce como su mejor antecedente a la Escuela de Salamanca, que tuvo su auge durante el Siglo de Oro Español y en la que se formaran economistas argentinos como Manuel Belgrano. Veamos.

La expresión “Escuela de Salamanca” es genérica y designa al pensamiento en diversas áreas que llevó a cabo un importante grupo de intelectuales españoles y tuvo grandes repercusiones en autores de otras naciones.

Específicamente, en los años 50, Joseph Alois Schumpeter, uno de los fundadores de la Escuela Austriaca, en su libro Historia del análisis económico (1954) reconoció sus débitos intelectuales con esta escuela para la formulación de sus teorías económicas.

Más concretamente, todo empezó cuando Francisco de Vitoria, uno de los fundadores de la Escuela de Salamanca, fue consultado por comerciantes españoles afincados en Amberes sobre la legitimidad moral de comerciar para incrementar la riqueza personal.

Fue entonces que Vitoria y otros especialistas le comenzaron a prestar atención a los asuntos económicos. Con sus ideas innovadoras se alejaron de posiciones que daría origen a las teorías económicas liberales y sentaron las bases de una Economía basada en el Orden Natural. A saber:

  1. La Economía es una actividad humana subordinada a la Política y vinculada con la Psicología.
  2. La ley de la oferta y la demanda determina el precio de las riquezas.
  3. Se complementa lo anterior con otra ley, la de reciprocidad de cambios.
  4. Se opone a los errores simétricos del liberalismo y del estatismo.
  5. La propiedad privada es un derecho natural, pero no es absoluto y debe estar en función social.
  6. La renta financiera también está regulada por la ley de reciprocidad de cambios.

Más allá de esta enumeración conviene explicar algunas cuestiones esenciales de la misma. La primera es saber que para una concepción natural de la Economía, su finalidad es la felicidad humana.

En tal sentido, no niega el espíritu de lucro individual, pero lo subordina a este fin. Tampoco está en contra de la propiedad privada de los bienes, a la que alienta, pues advierte que la propiedad individual es la primera y más básica de todas las libertades, pues sin la posesión de una propiedad, no hay vida social posible.

Pero agrega que ella no es absoluta ni constituye un fin en sí mismo, pues debe estar en función social. Es decir, estar regulada por la justicia en el sentido de dar a cada uno lo que le corresponde.

A la reconocida y archifamosa ley de los mercados de la oferta y la demanda –a la que no niega– la complementa con otra, la de reciprocidad de cambios. La que implica que tras todo intercambio económico debe darse una sana ecuación de que todos ganan. Pues si unos pocos se enriquecen más y mucho más rápidamente que otros, se produce una asimetría en la posesión de los bienes que a la postre pone en peligro la paz social.

Coherente con ese planteo rechaza los errores del liberalismo, que privilegia la iniciativa individual por sobre el bien común, así como al estatismo y su mal proceder de querer controlarlo todo. En su lugar establece el principio de subsidiaridad que implica que el Estado sólo debe intervenir cuando los particulares no pueden o no quieren hacerlo.

Como sería, por ejemplo, el caso de una costosa explotación de petróleo off shore con un alto nivel de riesgo, o la producción de material bélico que no sea un negocio rentable pero que sea necesario para la defensa.

En un plano superior, regula las relaciones entre el dinero, el ahorro y la inversión bajo los mismos principios. Parte del hecho de que la renta financiera (crecimiento geométrico) sobrepasa con creces la rentabilidad productiva (crecimiento aritmético) de cualquier área económica que se considere. Y si bien admite que el interés en los préstamos puede existir y que puede ser exigido, especifica que esté regulado por la reciprocidad de cambios.

El lector se preguntará para qué le sirve conocer todos estos conceptos cuando nuestro país, aparentemente, se apresta a vivir otra de sus colosales y frecuentes crisis económicas. Precisamente, ese será el punto de nuestra próxima entrega: qué puede hacer la Argentina para no repetir sus viejos errores y aprovechar su experiencia en crisis, la que no es poca.

Continuará…

 

El Doctor Emilio Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.