En su reciente columna para el programa Sin Verso, el analista Ulises Addamo alertó sobre la consolidación de Nicaragua como el principal bastión militar de Rusia en Centroamérica. Mediante acuerdos de "cooperación humanitaria", Daniel Ortega ha facilitado el ingreso de tropas y equipamiento ruso, convirtiendo al país en un verdadero Caballo de Troya para los intereses de Vladimir Putin en la región.
Esta presencia militar no solo otorga a Moscú una plataforma de inteligencia privilegiada en el hemisferio occidental, sino que representa un desafío directo a las democracias liberales. La entrega de soberanía por parte del sandinismo rompe el equilibrio de seguridad continental y consolida un eje autoritario en el corazón de América.