Augusto Pinochet, quien gobernó Chile entre 1973 y 1990 tras derrocar a Salvador Allende, dejó un legado que aún fractura a la opinión pública internacional. El analista Ulises Addamo explica que, por un lado, su régimen ejecutó una estricta política de mano dura y persecución ideológica. Por el otro, implementó un riguroso programa macroeconómico que frenó la hiperinflación, impulsó la inversión extranjera y potenció la minería del cobre.
Más allá de las reformas y de tensiones geopolíticas como el conflicto del Beagle con Argentina, el debate persiste: ¿fue un cruento dictador o el artífice del ordenamiento chileno? Hoy, la sociedad procesa este impacto histórico en su matriz socioeconómica.