Keir Starmer renunció como primer ministro del Reino Unido tras una intensa presión de su propio partido. El detonante fue su falta de firmeza frente a un histórico giro diplomático de Estados Unidos. La Casa Blanca evalúa retirar su tradicional respaldo al dominio británico para acercarse a la postura de Argentina sobre las Islas Malvinas.
Esta indecisión generó duras críticas mediáticas y políticas en Westminster, consolidando el conflicto austral como el factor decisivo de su caída. La salida de Starmer abre una profunda incertidumbre en el laborismo y redefine el escenario geopolítico global por la soberanía de las islas.