El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, viajó este lunes a Estados Unidos para mantener una reunión oficial con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca. La cita bilateral se concreta a pesar de la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional (TPI) por presuntos crímenes de guerra. El viaje genera un enorme impacto geopolítico tras la aprobación este domingo de una "zona humanitaria" en la Franja de Gaza, donde las víctimas mortales ya superan las 73.300 personas.
Tensión política y choque por la orden internacional
El arribo a suelo estadounidense se produce tras la polémica desatada por el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien, luego de amenazar con ejecutar la orden de la Corte Penal Internacional (TPI), admitió que carece de potestad legal para ejecutar la detención del mandatario israelí si este visita la ciudad. Frente a estas declaraciones, Donald Trump garantizó públicamente que su aliado no será arrestado bajo ninguna circunstancia. En la agenda de trabajo figuran el programa nuclear de Irán y las exigencias de la Casa Blanca para retirar tropas de Siria, Líbano y Gaza, un reclamo al que el premier israelí ya prometió resistir firmemente.
En paralelo, el Gobierno de Israel aprobó un controvertido plan piloto para el despliegue de la Fuerza Internacional de Estabilización en la ciudad de Rafah, iniciativa impulsada por la Junta de Paz de Trump. La medida despierta seria preocupación en las Naciones Unidas, organismo que advirtió que la creación de estas áreas humanitarias podría derivar en "campos de concentración masivos" para los palestinos desplazados. Con esta visita, Netanyahu busca revalidar su respaldo político absoluto en Washington y desafiar frontalmente el escrutinio de la justicia internacional.