Estados Unidos, Canadá y México activaron un riguroso sistema de "defensa por capas" para proteger el Mundial de fútbol ante posibles amenazas terroristas. Este despliegue militar responde a las crecientes tensiones geopolíticas globales y busca neutralizar riesgos antes de que se acerquen a las sedes.
El escudo de seguridad abarca desde buques de guerra y aviones de combate para interceptar amenazas aéreas, hasta inhibidores electrónicos contra drones kamikazes en los Fan Fests. En el anillo interior, agentes federales y francotiradores vigilarán los estadios, garantizando un control total para evitar cualquier tipo de atentado.