Irán ratificó este domingo su decisión de mantener un cierre discrecional del Estrecho de Ormuz para embarcaciones con bandera de Estados Unidos e Israel. Esta medida representa un desafío directo al ultimátum de 48 horas emitido por el presidente Donald Trump, quien exigió la liberación total de esta vía marítima clave para el comercio energético global.
A pesar de las amenazas de Washington, la administración de Teherán sostiene que el paso permanece operativo para el resto de la navegación internacional, aunque bajo un estricto protocolo de supervisión estatal. Esta postura se da en un contexto de máxima tensión militar en la región del Golfo Pérsico, donde cualquier movimiento en falso podría desencadenar un conflicto de mayor escala.
La postura oficial de Teherán ante la crisis
El representante permanente de Irán ante la Organización Marítima Internacional (OMI), Ali Musavi, fue tajante al declarar que el estrecho está "abierto para todos, excepto para los enemigos". Según el funcionario, el tránsito por esta zona neurálgica solo es posible mediante la coordinación previa con las autoridades iraníes para garantizar disposiciones de seguridad.
Desde Teherán señalan que la alianza entre Washington y Tel Aviv es el factor desencadenante de la crisis actual. Musavi subrayó que la prioridad sigue siendo la diplomacia, pero condicionó la normalización de la actividad en el canal al cese total de la agresión externa. Mientras el reloj del ultimátum de Trump se agota, Irán reafirma su esquema de vigilancia sobre el tránsito marítimo, invalidando la exigencia de apertura irrestricta planteada por la Casa Blanca y dejando al mundo a la espera de la reacción de las fuerzas estadounidenses.