El derribo de un F-15E Strike Eagle y un avión A-10 en Irán ha desatado una carrera contrarreloj para ambos bandos de la contienda. Tras un mes de conflicto abierto, iniciado tras una serie de bombardeos aéreos sobre varias ciudades de Irán y la muerte de Ali Khamenei; las fuerzas especiales de EE.UU. buscan a toda prisa localizar al copiloto del F-15E, que se habría eyectado del avión tras el ataque. Se estima que el hombre habría caído al sudoeste de la provincia de Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, una zona montañosa bajo control de la Guardia Revolucionaria.
Recompensa y amenaza al comercio global
La Guardia Revolucionaria confirmó el uso de sistemas avanzados para neutralizar las naves, mientras Teherán ofrece una recompensa de 10.000 millones de tomanes, equivalente a unos 66.000 dólares estadounidenses, por la captura del oficial. Sin embargo, el riesgo ahora trasciende lo militar: Mohammad Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, amenazó con bloquear el estrecho de Bab al-Mandeb, punto crítico que conecta el Mar Rojo con el Océano Índico. Al sumar esta amenaza al ya clausurado Estrecho de Ormuz, Irán busca un "doble cerrojo" al comercio mundial, utilizando a sus aliados hutíes en Yemen para paralizar el tránsito de petróleo, gas y granos.
Pese a la gravedad, Donald Trump minimizó el incidente alegando que "esto es la guerra", aunque los mercados reaccionaron con una volatilidad extrema. Mientras Israel afirma haber destruido el 70% de la industria siderúrgica iraní para asfixiar sus finanzas, Teherán apuesta a la desestabilización de las rutas marítimas globales como su última carta de supervivencia. El destino del piloto desaparecido, buscado por ambos bandos entre las montañas del sur y las aguas del Golfo, es hoy el epicentro de una crisis geopolítica total que amenaza con arrastrar a toda la región a un punto de no retorno.