La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán lanzó una masiva ofensiva con drones y misiles de largo alcance contra instalaciones militares de Estados Unidos en Kuwait, Baréin y Jordania. Esta contraofensiva responde directamente a los bombardeos ordenados por Washington en territorio iraní, desatados tras el derribo previo de un helicóptero Apache en el estrecho de Ormuz, un incidente que ha puesto en jaque la frágil estabilidad de la región.
Impacto militar y consecuencias globales
Según informaron fuentes de Teherán, la operación de represalia incluyó ataques a 21 objetivos. Las fuerzas iraníes afirmaron haber destruido cuatro puntos críticos en una base de Jordania, afectando hangares de aviones de combate F-35 y un centro de mando principal. Aunque el ejército jordano aseguró haber interceptado cinco proyectiles sobre la zona de Al-Azraq sin reportar víctimas fatales, la tensión escaló rápidamente en toda la zona del Golfo. En Baréin, las autoridades instaron a los ciudadanos a buscar refugio, mientras que Kuwait activó de emergencia sus sistemas de defensa aérea para neutralizar amenazas.
Este peligroso intercambio militar amenaza con romper definitivamente el alto el fuego alcanzado en abril. La situación se complejiza aún más debido a la intensificación de las campañas militares de Israel en el Líbano, lo que ha impedido consolidar un acuerdo de paz duradero entre las potencias involucradas.
Las repercusiones de este conflicto armado ya trascienden lo militar. Desde el inicio de las hostilidades directas a finales de febrero, la guerra ha sacudido la economía global, disparando los precios internacionales de la energía y encareciendo de forma alarmante productos básicos y alimentos a nivel mundial. El régimen iraní advirtió que sus tropas permanecen listas para ejecutar una respuesta aún más aplastante si la Casa Blanca decide continuar con las represalias.