La industria automotriz alemana atraviesa la peor crisis de su historia reciente. Gigantes como el Grupo Volkswagen, Mercedes-Benz y Porsche impulsan severos planes de ajuste que amenazan miles de puestos de trabajo y contemplan el cierre inédito de plantas en suelo germano.
El fenómeno responde al desplome de las ventas en China, la feroz competencia de marcas de vehículos eléctricos como BYD y los elevados costos de producción local. El impacto se extiende a la cadena de proveedores, donde firmas como Bosch y ZF prevén eliminar miles de empleos, reconfigurando el mapa industrial europeo.