El cartel de venta de los activos petroleros más codiciados del país está a punto de descolgarse. La empresa brasileña Raízen, operadora de la emblemática marca de combustibles en el territorio nacional, se encamina a cerrar este mes la transferencia de más de 880 estaciones de servicio Shell y la estratégica refinería de Dock Sud. El comprador perfilado es un fuerte consorcio integrado por los dueños de la distribuidora Edenor, liderado por José Luis Manzano y Daniel Vila, y el gigante trader suizo Mercuria, en una operación valuada en más de US$ 1.200 millones.
El motivo detrás del éxodo y el nuevo imperio energético
La urgencia de esta megacompra no responde al mercado local, sino a una brutal crisis en Brasil. Raízen necesita liquidez inmediata para reestructurar una asfixiante deuda corporativa que supera los US$ 13.200 millones, golpeada por malos resultados en su negocio de biocombustibles. Por ello, aceleró su plan de desinversión priorizando al mejor postor.
El ingreso de Mercuria y el grupo Edelcos superó las ofertas de otros competidores como Trafigura (Puma Energy) y Vitol. La alianza no es casual: Manzano ya es socio de la multinacional suiza en la petrolera Phoenix Global Resources, con fuerte presencia en el desarrollo de Vaca Muerta.
Para el holding local, quedarse con el 19% del mercado de despacho de naftas representa una jugada maestra. Según fuentes de la negociación, el objetivo a largo plazo de Edenor es utilizar la enorme capilaridad geográfica de las estaciones de servicio como plataforma clave para el futuro: la instalación de cargadores para autos eléctricos y paneles solares. De concretarse el traspaso en las próximas semanas, los empresarios no solo dominarán la distribución eléctrica del AMBA, sino que consolidarán un verdadero monopolio diversificado en la cadena energética nacional, abarcando desde la extracción hasta el surtidor.