La reactivación del Tren Trasandino entre Mendoza y Chile dejó de ser una utopía gracias a dos motores clave: el avance de la minería de cobre y la urgencia global por reducir la huella de carbono. Este corredor bioceánico intermodal permitirá reemplazar miles de camiones de carga por trenes eléctricos de alta eficiencia y tracción dual.
A diferencia del antiguo trazado de 1910, Urrutia explicó cómo la obra proyecta un túnel de baja altura a 2.000 metros sobre el nivel del mar, garantizando operatividad los 365 días del año. Respaldado por entidades binacionales, el proyecto optimizará la logística del Cono Sur y se posicionará como un eje fundamental para la transición energética regional.