El Gobierno nacional redobla su apuesta económica con el denominado Súper RIGI, una herramienta que busca complementar el actual Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. Durante una profunda entrevista con Sin Verso, el especialista económico Antonio Aracre detalló cómo este nuevo plan oficial pretende dar un salto cualitativo histórico: pasar de la simple extracción de recursos naturales a la industrialización a gran escala.
De exportar materia prima a crear valor agregado
Tras dos décadas de estancamiento, el RIGI original logró atraer capitales para explotar hidrocarburos, litio y minería, generando un récord de exportaciones. Sin embargo, Aracre advirtió en Sin Verso que este modelo primario no genera un ambiente proclive al crecimiento rápido del empleo. Es aquí donde entra el nuevo esquema.
El objetivo central del Súper RIGI es instalar fábricas que procesen esos recursos. La meta es clara: en lugar de exportar litio crudo, vender baterías; transformar el cobre en laminados para tecnología, o procesar el gas de Vaca Muerta para exportar fertilizantes a gigantes como Brasil. Este proceso industrializador no solo promete multiplicar los puestos de trabajo en las provincias, sino también provocar un efecto derrame hacia los grandes centros urbanos.
Este alivio económico es vital para el mapa social actual. Según el análisis de Aracre, mientras los sectores vulnerables reciben asistencia directa sin intermediarios, la clase media baja es la más castigada por la quita de subsidios. La reactivación del consumo interno y la generación de empleo genuino a través de este ambicioso proyecto industrial se perfilan como la gran carta del oficialismo para sostener la gobernabilidad y convertir a la Argentina en una verdadera potencia regional.