El mercado automotor en la Argentina registró una fuerte contracción en mayo con la firma de apenas 27.053 prendas vehiculares, lo que encendió las alarmas sobre el consumo de la clase media. Más allá de las fluctuaciones de precios, el fenómeno responde a un profundo cambio cultural en las finanzas de los hogares: ante la incertidumbre económica, las familias prefieren evitar compromisos de largo plazo y priorizan defender su presente financiero.
El costo de mantener un vehículo frente al bolsillo familiar
Hoy en día, mantener un auto cuesta entre 600.000 y 900.000 pesos mensuales, una cifra que no incluye la cuota del crédito y que abarca seguro, patente, combustible y cochera. Para un hogar promedio con ingresos cercanos a los 3 millones de pesos, destinar casi un tercio de su presupuesto a un bien no esencial se volvió inviable. Por esta razón, el financiamiento en el sector de autos usados cayó drásticamente y ahora representa apenas el 6,2% de las operaciones totales.
Aunque las automotrices intentan atraer clientes con tasas promocionales, el costo financiero total —inflado por seguros y gastos administrativos— desalienta la toma de deuda. El resultado es una clase media que dejó de comprar en función del deseo para hacerlo en función del riesgo. Quienes necesitan cambiar su unidad optan por usar ahorros acumulados o mantener sus vehículos actuales, consolidando una postura de consumo estrictamente conservadora y defensiva en todo el país.