La inflación en el Gran Buenos Aires registró una marcada desaceleración en mayo al ubicarse en el 2,2%, según las mediciones de la consultora C&T Asesores Económicos. La economista María Castiglioni explicó que esta baja responde a la estabilidad del tipo de cambio, menores derechos de importación y el freno en alimentos clave como la carne, que apenas subió un 1%.
El reordenamiento macroeconómico redujo la urgencia defensiva de los consumidores por deshacerse de los pesos. Aunque el consumo masivo muestra transformaciones, los analistas señalan que el principal desafío actual radica en reducir las tasas de interés para reactivar el crédito privado.