El asado argentino enfrenta su crisis más profunda en dos décadas. Según el análisis de la periodista Rebeca Miranda, la inflación y la caída del poder adquisitivo han provocado un derrumbe histórico en el consumo de carne roja. Este fenómeno no es solo una estadística; marca un cambio de época en la mesa de las familias.
Ante los precios prohibitivos en los mostradores, los consumidores se ven obligados a migrar hacia proteínas más económicas como el pollo y el cerdo, o incrementar la ingesta de carbohidratos. El informe advierte que este récord negativo refleja una pérdida de soberanía alimentaria en el país que solía liderar el ranking mundial de consumo cárnico.