El avance de la movilidad sustentable parece no tener freno, pero esconde una realidad geopolítica incómoda para Occidente. Durante su columna en el programa El Interactivo, el periodista Fernando García planteó un interrogante crucial para el mercado global: ¿es técnicamente viable prescindir del gigante asiático en la producción automotriz? La respuesta, respaldada por estadísticas contundentes, enciende las alarmas en las principales potencias económicas, ya que actualmente tres de cada diez vehículos vendidos en el mundo son eléctricos y China domina por completo su cadena industrial.
El monopolio de las baterías y el auge en América Latina
Según el informe detallado por García, la hegemonía de Beijing no se limita al ensamblaje, sino que controla las materias primas críticas. El país asiático concentra el 60% de las ventas mundiales de vehículos eléctricos y produce tres cuartas partes de ellos. Además, maneja entre el 60% y el 70% del refinamiento global de litio y cobalto, sumado a un impresionante 95% del procesamiento de grafito. "Sin estos componentes, básicamente no hay baterías", advirtió el analista, destacando que las firmas de ese país fabrican más del 70% de las celdas energéticas globales.
Frente a este escenario, los esfuerzos de Estados Unidos y Europa por imponer aranceles locales resultan insuficientes en el corto plazo. Desarrollar refinerías y minas propias demorará entre 5 y 10 años, un proceso que será mucho más lento y costoso. Mientras Occidente intenta reaccionar, la transición eléctrica avanza fuertemente en mercados emergentes. En los primeros meses del año, la venta de autos eléctricos se disparó un 75% en América Latina, consolidando un tablero donde la disputa ya no es ambiental, sino puramente tecnológica y geopolítica por ver quién controlará el transporte del mañana.