A horas del cruce entre la Selección argentina y Cabo Verde en Miami por el pase a octavos de final de la Copa del Mundo 2026, un detalle místico conecta a ambos seleccionados. En el vestuario albiceleste, resguardado por el histórico utilero Mario Di Stefano, brilla la imagen de la Virgen de Luján, patrona nacional. Esta estatuilla, que acompaña al plantel de Lionel Messi como amuleto sagrado desde Qatar, guarda un vínculo ancestral con la nación africana a través de su primer protector histórico.
La devoción mariana local nació en el siglo XVII, cuando la carreta con la imagen se detuvo a orillas del río Luján. Allí cobró protagonismo el Negro Manuel, un esclavo nacido en una región de África occidental muy cercana a las islas de Cabo Verde. Manuel custodió la figura con entrega absoluta durante más de dos décadas, manteniendo viva la llama de la fe y curando enfermos con el aceite de su lámpara.
Hoy, mientras el equipo de Lionel Scaloni busca la clasificación, la mística del guardián vuelve a la superficie. La misma Virgen de Luján que él protegió en el barro bonaerense es la que hoy custodia las ilusiones argentinas en Estados Unidos. El destino cruzó las coordenadas futbolísticas e históricas: el rival en la cancha comparte la misma tierra natal del hombre que dedicó su vida a la mayor protectora espiritual de la Albiceleste, renovando un lazo invisible en busca de otra gesta mundialista.