La historia de los Mundiales esconde un dato sorprendente: ningún equipo que haya superado la fase de grupos con puntaje ideal y la valla invicta logró ser campeón. Esta temida "maldición de la primera fase" dejó sin título a Brasil en el 86, a Italia en el 90 y a la propia Selección Argentina en 1998.
En la actual Copa del Mundo, México terminó invicto y sin recibir goles en contra, lo que encendió las alarmas estadísticas de los más supersticiosos.
Sin embargo, para la Argentina, el gol recibido por el jordano Al-Tamari se transformó en un alivio inesperado. Haber quebrado esa racha perfecta rompe el mito e ilusiona a los hinchas de cara al gran objetivo: la tan ansiada cuarta estrella.