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Por Ciudadano.News
16 Septiembre de 2024 - 19:47
El chisme es una práctica muy común en la mayoría de las sociedades, y es algo que se ha extendido a lo largo de la historia. Compartir detalles, rumores o información sobre la vida de otras personas es algo que la gente suele hacer con naturalidad, ya sea como forma de establecer conexiones sociales, por entretenimiento, o por simple curiosidad.
Pero también es cierto que el chimento tiene mala reputación. Sucede que está relacionado con la divulgación de aspectos privados sin el consentimiento de las personas que están involucradas. Y muchas veces la información se distorsiona y exagera a medida que se propaga, lo que puede afectar la reputación de los protagonistas de los comentarios.

Pero hay algo que es innegable: el chisme cumple una función social muy importante. Se dice que más de dos tercios de las conversaciones diarias de las personas incluyen comentarios interpersonales o chismes. Y una investigación científica reveló los beneficios que conlleva echar uno que otro chimentito por ahí.
Según una investigación realizada por la Universidad de Pavía, el cerebro tiende a generar más oxitocina, la denominada "hormona de la felicidad", cuando las personas cuentan chismes o hablan sobre otras. Este mismo efecto también puede observarse en otros momentos, como cuando se besa o abraza a alguien.

"Existe una falta de conocimiento sobre cómo se podría lograr este efecto, y qué respuestas psiconeuroendocrinológicas podrían provocarse durante los chismes grupales", plantea el estudio de la casa italiana de altos estudios.
Los científicos descubrieron también que el acto de contar un chisme ayuda a reducir la segregación de cortisol, una hormona asociada al estrés, y conocida por aumentar la glucosa en sangre. El informe, publicado en Science Direct, dice que el objetivo "fue evaluar el efecto de los chismes sobre las hormonas, e identificar los posibles mediadores de la respuesta hormonal a los chismes".

El experimento contó con 22 estudiantes mujeres, a quienes se les asignó tres tipos de conversaciones: una de chisme, una neutral y otra emocional, no relacionada con chisme. El estudio midió los niveles salivales de oxitocina y cortisol, y se encontró que la primera aumentó significativamente en los chismes, en comparación con las conversaciones emocionales no relacionadas con los chismes. Por otro lado, se observó una disminución en los niveles de cortisol en las tres conversaciones.
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