La industria vitivinícola enfrenta una crisis estructural que combina la pérdida del poder adquisitivo con un cambio en los hábitos de consumo. El senador y productor Gustavo Soto señaló que el sector cometió el error de intentar crear una "élite de tomadores", obligando al consumidor a ser casi un "ingeniero aeroespacial" para disfrutar de una copa.
Esta complejidad, sumada a la inercia inflacionaria, transformó al vino en un artículo suntuoso. Soto advierte que, si la industria no se adapta a bebidas más simples y accesibles, como blancos o rosados, los pequeños productores corren el riesgo de desaparecer por falta de rentabilidad.