Mariana Sommelier habló en el interactivo sobre como la llegada del invierno impulsa la adopción de costumbres globales y el vino caliente, un clásico de los mercados europeos, empieza a consolidarse en la escena local. Tradicionalmente servida en taza, esta preparación combina vino tinto con especias como canela, clavo de olor y cítricos.
La tendencia crece entre consumidores que buscan una experiencia reconfortante y diferente para combatir el frío. Más allá de los mitos sobre sus propiedades medicinales, su popularidad radica en la combinación de aromas y la temperatura justa, transformándolo en un ritual urbano que complementa las opciones tradicionales de la temporada.