La misión Artemis II representa un hito no solo por su objetivo de orbitar la Luna, sino por la meticulosa planificación de su logística alimentaria. Recientemente, la NASA dio a conocer el menú diseñado para los astronautas, donde las tortillas de harina y las salsas intensas son protagonistas absolutas. Este plan de alimentación para diez días combina tecnología de conservación avanzada con el bienestar psicológico de una tripulación diversa.
El adiós al pan tradicional y el secreto de las tortillas
Uno de los detalles más llamativos es la prohibición del pan con migas a bordo de la nave. En un entorno de microgravedad, cualquier partícula pequeña puede flotar libremente y terminar dentro de los interruptores o sistemas eléctricos, provocando fallas críticas. Por esta razón, la NASA utiliza tortillas de harina y pan plano de trigo, que no generan residuos peligrosos y sirven como base para carbohidratos complejos que aportan energía sostenida.
La nutricionista Araceli Vallone explicó que gran parte de los suministros son alimentos deshidratados y termoestabilizados. Al retirar el agua o aplicar procesos térmicos, se detiene la proliferación de microorganismos sin necesidad de refrigeración pesada. No obstante, el desafío no es solo técnico: en el espacio se produce una pérdida parcial del sentido del gusto, lo que obliga a incluir condimentos potentes.
Para combatir la falta de sabor, la tripulación llevará cinco tipos de salsas picantes, mostaza y jarabe de arce. Este último es un pedido especial del astronauta canadiense Jeremy Hansen, quien sumó galletas de crema de arce para mantener la moral alta. En definitiva, la comida espacial busca ser un refugio emocional, asegurando que los astronautas mantengan su enfoque mientras hacen historia a miles de kilómetros de casa.