Entre 1938 y 1941, Mendoza experimentó una transformación estructural bajo el mando de un dirigente inesperado: Rodolfo Corominas Segura, un dirigente nacido en Montevideo que asumió el poder en medio de una profunda bancarrota provincial.
A pesar de la crisis económica, su gestión dejó un legado monumental que los mendocinos utilizan a diario. Durante su mandato se inauguró la UNCuyo, se construyó el imponente Hospital Central, el mítico Hotel Villavicencio y las revolucionarias "casas colectivas" del Barrio Cano. Su trayectoria lo llevó incluso a ocupar un cargo en los inicios del FMI en Estados Unidos.
¿Por qué importa hoy? Porque grafica cómo las disputas políticas moldean nuestra memoria. Siendo uno de los gobernadores más prolíficos, su feroz enfrentamiento posterior con el peronismo lo condenó a un injusto olvido histórico, dejándolo casi sin plazas ni monumentos que recuerden su impacto real.