En la esquina de las calles Arenales y Avellaneda, un emblemático aguaribai se mantiene en pie como un testimonio viviente de los orígenes de Rivadavia. Este gigante verde, plantado a principios del siglo pasado, sobrevivió al avance de la infraestructura moderna y a un inminente intento de erradicación gracias al profundo sentido de pertenencia de su comunidad.
El emotivo e histórico caso fue rescatado en detalle por el periodista Alejandro Álvarez durante la emisión del programa Círculo Político, donde se analizó el enorme impacto patrimonial que posee esta especie en la identidad local.
Un testigo de la historia que desafió al asfalto
El ejemplar, conocido popularmente en la región como pimiento, fue introducido por el pionero don Juan Arenales en una época donde la zona era un absoluto descampado. Buscando generar un oasis de sombra para los viajeros y las carretas que conectaban el departamento con la capital provincial, la familia dio vida a un árbol que se transformaría en uno de los pocos hitos históricos que quedan en pie, junto con la estación ferroviaria y la capilla.
A comienzos de la década del 2000, los planes de reordenamiento vial municipal estuvieron a punto de derribar el árbol para ensanchar las calzadas de la zona. Sin embargo, la rápida movilización y la resistencia afectiva de los vecinos impidieron que las máquinas borraran su memoria colectiva.
Hoy, la planta sigue erigiéndose orgullosa justo en medio de la vereda, recordándole a los ciudadanos el valor incalculable de sus raíces. Proteger este legado forestal no solo rinde homenaje a los fundadores, sino que ratifica la importancia de defender el entorno natural ante el desarrollo urbano.