La adicción digital en adolescentes ya no es solo una preocupación de padres, sino un problema de salud pública. Tras casos como el de Australia, que prohibió el acceso a menores de 16 años, especialistas locales proponen elevar la vara hasta los 18 años.
El argumento es científico: el cerebro en desarrollo es altamente vulnerable a la dopamina generada por los algoritmos, funcionando de forma similar a una sustancia adictiva. La propuesta busca proteger la salud mental frente a riesgos como el grooming, la ludopatía y el déficit de atención, promoviendo una "desconexión real" para recuperar el foco y los vínculos humanos.