Un indignante episodio de racismo paralizó un avión en el aeropuerto de Brasilia. Un pasajero agredió verbalmente a los tripulantes con violentos insultos dirigidos hacia su color de piel. Ante la gravedad del ataque, el capitán se negó firmemente a despegar y exigió la intervención inmediata de las fuerzas de seguridad.
La Policía Federal subió a la aeronave y se llevó al agresor esposado, provocando los aplausos de alivio de todos los presentes. En Brasil, el delito de racismo es severo: no prescribe, no tiene fianza y el detenido podría enfrentar hasta 5 años de prisión efectiva.