En su reciente columna para El Interactivo, Alejandro Álvarez señala que, tras más de cinco décadas de combustión ininterrumpida, Turkmenistán intensifica sus esfuerzos para sellar el cráter de Darvazá, originado en 1971 por un error de cálculo soviético y hoy convertido en una prioridad ambiental y económica.
El pozo, con temperaturas de 400°C, libera metano de forma constante, afectando el ecosistema local. Álvarez destacó que las autoridades buscan recuperar este recurso estratégico, logrando reducir la intensidad de las llamas mediante capturas en pozos aledaños. Este cierre marcaría el fin de un ícono turístico en favor de la sostenibilidad.