El fútbol en Argentina no es solo un deporte; es un ritual de identificación colectiva que paraliza al país. Pero, ¿qué sucede con aquellas personas que sienten apatía o rechazo por la pelota? Quedar fuera de esta efervescencia social, especialmente durante un Mundial, puede generar una profunda sensación de aislamiento y extrañeza.
El costo psíquico de ir contra la corriente
El psicólogo Diego Quindimil, en diálogo con El Interactivo, detalló que el fútbol opera como una masa que brinda seguridad emocional a cambio de renunciar a cierto pensamiento individual.
"El que no le gusta el fútbol queda aislado de ese ritual. Bancarse ser distinto tiene un costo psíquico real", advirtió el especialista.
Sin embargo, el profesional remarcó la importancia de la libertad individual. El mandato de cómo "deberíamos" actuar o celebrar frente a grandes eventos sociales choca directamente con nuestro deseo genuino.
Ya sea alejarse del fútbol por convicción o simplemente perder el interés con los años, elegir tu propio modo de vincularte con los rituales es un acto de libertad. Entender que el fútbol es una "pasión dinámica" nos permite desmitificar la obligación de encajar en el fanatismo extremo.