¿Te imaginás caminar por Mendoza y sentir que estás en París? A principios del siglo XX, ese sueño estuvo a punto de concretarse. En su columna para el programa Círculo Político, el periodista Alejandro Álvarez rescató del olvido el Proyecto Carrasco, una propuesta urbanística de 1912 que pretendía transformar la fisonomía de la capital mendocina bajo el concepto de "Ciudad Jardín".
Un sueño europeo en el desierto
El proyecto fue impulsado por el entonces intendente Jacinto Anzorena, quien convocó al prestigioso ingeniero y paisajista Benito Carrasco. La idea era romper con la cuadrícula tradicional española para incorporar grandes diagonales, plazas equidistantes y amplios espacios verdes, siguiendo las tendencias estéticas y funcionales de las grandes capitales del mundo.
Sin embargo, la ambiciosa propuesta de Carrasco chocó con una realidad implacable: el presupuesto. La magnitud de las expropiaciones y las obras necesarias hacían que el plan fuera económicamente inviable para la época. A pesar del "fracaso", algunas ideas lograron sobrevivir y marcar la geografía actual, como la configuración de la zona que hoy conocemos como el Parque O'Higgins y la famosa Isla de Carrascal, lindante al Hospital Central.
Álvarez destaca que, si bien la Mendoza de las diagonales no pudo ser, el proyecto dejó una huella en la identidad de la provincia, demostrando que desde hace más de un siglo existe el deseo de construir una ciudad pensada para el bienestar del ser humano y no al revés.