El mercado de los hiperdeportivos cambió las reglas del juego. Marcas como Ferrari y Bugatti ya no se limitan a vender vehículos, sino que gestionan clubes de membresía ultra exclusivos. Para Ferrari, no basta con la billetera: los nuevos clientes deben comenzar con modelos básicos antes de acceder a ediciones limitadas, y vender el auto sin autorización puede costarte el veto de por vida.
Por su parte, Bugatti llega a los tribunales si alteras la estética de sus unidades. Esta estrategia busca proteger el valor de reventa y la imagen de marca, asegurando que sus máquinas permanezcan en manos de coleccionistas que respeten el legado de la ingeniería europea.