La historia nos mintió: la Peste Negra, conocida en el siglo XIV como la "Gran Mortandad", no fue responsabilidad exclusiva de las ratas. Investigaciones recientes publicadas por la revista Nature demuestran que el contagio entre personas, facilitado por piojos y pulgas humanas, fue el verdadero motor de la tragedia que aniquiló al 60% de Europa.
La enfermedad golpeó mediante tres variantes: bubónica, septicémica y pulmonar, siendo esta última la más peligrosa al transmitirse por el aire. Este hallazgo reescribe los libros de salud pública. Entender este fenómeno es vital; la pérdida masiva de población no solo fue una crisis sanitaria, sino el detonante que colapsó el sistema feudal y cambió la economía global para siempre.