La paradoja de la hiperconectividad llegó al dormitorio. Mientras las plataformas digitales estallan con contenido erótico y una aparente libertad sexual sin precedentes, el encuentro real entre las personas está en franco retroceso. Según la psicóloga Beatriz Goldberg, estamos ante una sociedad que prioriza la "teoría" sobre la "práctica", donde la energía se agota en el scrolling infinito y no en la intimidad.
El peligro de la imagen y el deseo virtual
Uno de los puntos más críticos señalados por los expertos es que estamos más pendientes de construir una imagen deseable que de utilizarla. El tiempo que antes se destinaba al contacto cara a cara hoy se invierte en el gimnasio o en producir fotos para redes, volviendo a casa con un agotamiento que clausura el deseo. "Se está mucho en el coqueteo y en el flirteo virtual, pero cuesta horrores concretar el encuentro físico", advierte Goldberg, describiendo lo que hoy se conoce como "relaciones líquidas".
Este loop de validación externa a través de los likes genera una gratificación instantánea que, sin embargo, termina en frustración y falta de motivación sexual. La sexualidad se ha vuelto digitalizada: muchas parejas y solteros prefieren situaciones virtuales —más seguras y menos demandantes— que el compromiso sensorial del encuentro real.
Para revertir esta tendencia, la salud mental juega un rol clave. Los especialistas sugieren que la intimidad requiere un "trabajo a conciencia" y una desconexión programada de las pantallas. Al igual que el ejercicio físico, el deseo se retroalimenta; mientras menos se practica, menos ganas se tienen. El desafío actual es redescubrir el valor del otro como sujeto de afecto y no como un simple objeto de consumo en una pantalla, para recuperar una armonía plena que el algoritmo nunca podrá reemplazar.