La muerte del Indio Solari desató una movilización popular inédita que trascendió lo musical para transformarse en una auténtica cuestión de fe. Miles de seguidores se congregaron en un masivo velatorio donde se fundieron el llanto y el canto sin escalas, reflejando el profundo sentido de pertenencia que el artista sembró durante décadas.
"Fue una procesión que unió a personas de todas las edades y clases sociales", destacó Pablo Cárdenas, periodista, productor radial y seguidor histórico, en diálogo con Sin Verso. El fenómeno ratifica el estatus místico del exlíder de los Redonditos de Ricota, cuyo legado cultural y conexión íntima con el público no registran precedentes en la historia del rock nacional.