A tan solo 90 minutos de Ámsterdam existe un refugio donde el ruido de los motores es un recuerdo lejano. En Giethoorn, conocido como la "Venecia del Norte", los autos no tienen lugar: la vida se desplaza a través de canales, botes eléctricos y más de 170 puentes de madera.
Fundado en el siglo XI, este pueblo fue tallado a mano por sus propios habitantes, quienes cavaron los canales para extraer turba. Hoy, es un destino de culto para quienes buscan sostenibilidad y desconexión, ofreciendo un paisaje de techos de paja y jardines abiertos que redefinen la convivencia moderna.