Las estafas virtuales no solo impactan en el bolsillo, sino también en las emociones. En una entrevista con El Interactivo, la psicóloga Jacqueline Orellana explicó que estos engaños proliferan porque manipulan una necesidad humana básica: el deseo de sentirnos escuchados, amados y elegidos.
Según la especialista, la soledad actual y la desconexión social hacen que las personas caigan en el sesgo de confirmación, creyendo en promesas vacías. Cuando el cuerpo no está presente en la interacción, la fantasía reemplaza a la realidad, dejando a la víctima expuesta a serias secuelas emocionales tras el engaño.