La forma de planificar las vacaciones de invierno experimentó un cambio radical hacia el bienestar personal. En lugar de seleccionar un destino por inercia o tendencia comercial, la nueva propuesta turística invita a evaluar primero las necesidades emocionales del viajero para definir el tipo de escapada.
Según Emilia Iglesias, la clave radica en priorizar la salud mental y el descanso consciente. Opciones enfocadas en la desconexión total, la aventura, la gastronomía o las actividades familiares surgen como respuestas adaptadas a distintos niveles de energía.
Este enfoque rompe con el modelo tradicional y posiciona a las experiencias emocionales como el eje central del turismo actual.